Las primeras músicas pop eran de origen occidental y aún conservaban las raíces de la música tradicional japonesa, pero que no deben confundirse con la música folclórica tradicional. Esta música conocida como Enka se compone básicamente de baladas. Dentro de las exponentes femeninas lo más probable es que la indiscutida “Reina del Enka” sea la cantante Hibari Misora. Ella comenzó su carrera desde muy temprana edad y se hizo una especie de heroína en Japón de la posguerra, que continuó hasta su muerte en 1989.
El J-Pop tiene sus raíces más profundas en el Jazz, música que se hizo muy popular en el comienzo de la Era del emperador Showa a comienzos del siglo XX. El Jazz introdujo la diversión en la escena musical japonesa de los bares y clubes., “Ongaku Kissa” Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, el Jazz se censuró por tratarse de una influencia norteamericana. Después de la guerra, al comienzo de la ocupación japonesa por Estados Unidos, las tropas americanas establecidas en Japón introdujeron el boogie-woogie, el mambo latino, el blues y la música country. Canciones como el “Tokyo Boogie-Woogie” de Shizuko Kasaoki, el “Tennesse Waltz” de Chiemi Eri, el “Omatsuri Mambo” de Hibari Misora y el “Omoide no waltz” de Izumi Yukimura se conviertieron en temas muy populares. De entre todos estos músicos y cantantes, podemos destacar a Kyu Sakamoto que dejó un legado importante a las generaciones futuras. Su tema “Ue Wo Muite Arukou”, conocido también como Sukiyaki, se convertiría en un himno recordado por todas las generaciones en Japón.
Los años cincuenta trajeron una estrella llamada Keiko Fuji, que también se hizo ampliamente popular. Estuvo casada con el cantante de Enka, Kiyoshi Maekawa, del cual se divorciaría al poco tiempo. Más tarde se mudó a los Estados Unidos y congeló su carrera. Allí volvió a casarse y tuvo una hija, la cual, finalmente, se convertiría en uno de los íconos del J-Pop moderno, Hikaru Utada.
En 1956 el rock and roll irrumpe en el panorama nipón de la mano de un grupo de música country llamado Kosaka Kazuya and Wagon Masters, lanzando al mercado el álbum Heartbreak Hotel, originalmente interpretado por Elvis Presley. Había nacido el J-Pop propiamente dicho. El movimiento del rock and roll alcanzó su pico de popularidad en 1959 con una película enfocada en las interpretaciones de bandas de rock and roll japonesas. El decaimiento del Rock and roll en Estados Unidos fue seguido en Japón y, poco a poco, los grupos japoneses que sólo interpretaban copias del rock-and-roll norteamericano desaparecieron.
Años más tarde, diversos grupos retomarían el camino mezclando el rock’n roll con el rock que se produce en occidente a partir de los 70 y los 80.
Los 70 se caracterizaron por un importante crecimiento en la industria musical, ligado estrechamente a los aparatos de “marketing”. En la primera década de los 70, el trío femenino Candies fue uno de los grupos más importantes, logrando los récords de ventas hasta ese entonces. En la segunda mitad de la década, el dúo Pink Lady se convirtió en el éxito más grande de la historia moderna de Japón con su tema “SOS” acompañados de una red de “merchandising” como muñecas, radios, maquillaje, alimentos y ropa, fenómeno sin precedentes en Japón, pero que hoy en día genera más ganancias que los propios discos. Del lado masculino surge el legendario grupo Southern All Stars.
En los 80 se desarrolla el concepto de lo que ahora llamamos como “música idol”. La famosa Seiko Matsuda en 1980 representa uno de los primeros ejemplos de éste fenómeno musical y cultural, integrado por cantantes adolescentes que con temas pegadizos se convertían en verdaderos ídolos nacionales. A finales de los 80, el grupo Onyanko Club se convierte en la organización idol más importante y numerosa de esa década. Compuesta en sus inicios por 6 integrantes llegó a tener hasta 31 miembros. Esta organización de chicas de entre 12 y 16 años generó todo un movimiento mediático, en el cual, además de lanzar sus temas musicales, tenían su propio programa de TV: Yuyake Nyan Nyan, así como sus propias películas y dramas de TV.
A mediados de los 90 con Namie Amuro comienza la estética gal, una estética que se fija en la estética femenina de EEUU como
Madonna o en la de Europa de las Spice Girls. Es en este momento que el pop japonés empieza a ser conocido más allá de las fronteras japonesas. En esa época el pop japonés estaba influido por el eurobeat y el dance, con grupos como SMAP o V6, típicos grupos de chicos que cantan y bailan en la más pura estética de los Back Street Boys. Desde 1996 hasta 1998, el estilo se fue haciendo menos dance y más pop surgiendo grupos como MAX, SPEED, Kinki Kids o la estrella mediática Hikaru Utada, considerada una celebridad de masas en Japón, cuyo álbum First Love se convertiría en el disco más vendido de la historia del Japón y cuyas canciones han alcanzado éxito incluso en Estados Unidos, país que la vio nacer.
En la actualidad, a la hora de hablar del pop japonés, el principal referente es Ayumi Hamasaki. Con una carismática presencia en el mundo de la moda y creadora de tendencias, sus canciones describen sus emociones de una manera directa, lo que la ha hecho muy popular entre los jóvenes japoneses. Comenzó su carrera musical en 1999 y en muy poco tiempo se convertiría en una de las más importantes intérpretes en la historia de la música japonesa, vendiendo hasta el 2007 unos 50 millones de discos.
El J-Pop actual se ha diversificado de tal manera que ofrece gran cantidad de artistas y estilos diferentes, motivando que el mundo occidental esté volviendo la vista hacia estos estilos musicales, algunos de ellos muy distintos a lo que impone la cultura musical de Estados Unidos y sus medios de comunicación. Entre ellos podemos citar el ParaPara un modo de bailar en discotecas o los domingos en las plazas de Tokio que consiste en una serie de coreografías en las que se utilizan principalmente los movimientos de manos y brazos. Lo más característico es que son coreografías en las que participan grupos muy numerosos. Uno o dos se ponen al frente y hacen de “maestros de ceremonia”, el resto siguen sus pasos. El ParaPara ha cautivado especialmente a los videojugadores del mundo entero por medio de un simulador de baile llamado “ParaParaParadise” de la compañía japonesa de videojuegos Konami.
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